Capítulo 6 “Actuar sin actor”: ética, compasión y responsabilidad en un mundo vacío.

“Precisamente porque todo es vacío,

hay acción, hay fruto, hay seres que sufren,

hay Buda, hay enseñanza.”

Mūlamadhyamakakārikā 24.14

Versos sobre los fundamentos del Camino Medio.

1. La objeción del quietismo.

El oponente —ayer nyāya, hoy lector moderno— insiste:

“Si no hay yo, no hay agente.

Si no hay causa real, no hay responsabilidad.

Si todo es vacío, nada importa.

Entonces, ¿por qué no quedarse quieto?” 

Esta objeción parece lógica. Pero parte de un error: confunde la ausencia de svabhāva con la ausencia de función.

Nāgārjuna responde en el capítulo 24 de los MMK:

Precisamente porque todo es dependiente y vacío, la acción es posible. 

Si las cosas tuvieran esencia, serían fijas, inmutables, aisladas.

Nada podría cambiar. Nada podría afectar a nada.

La vacuidad es la condición de posibilidad de la acción.

2. La acción sin actor: el corazón del Camino Medio

Nāgārjuna no niega la acción. Niega al actor.

No hay “yo” que actúa.

Hay (existe...se manifiesta) acción.

Como el fuego no “quema”; la combustión ocurre.

Como el río no “fluye”; el agua se mueve.

La acción como proceso dependiente: intención, circunstancia, consecuencia.

Pero en ningún punto hay un “yo” que la posea.

Esto no anula la responsabilidad. La libera de la arrogancia del agente.

Actúo no porque “yo soy bueno”, sino porque la situación pide una respuesta.

3. Compasión sin sujeto: la ética del bodhisattva.

En el Mahāyāna, el ideal del bodhisattva —el ser que pospone su liberación para aliviar el sufrimiento ajeno— parece contradecir la vacuidad.

¿Cómo compadecerse de seres que “no existen”?

Nāgārjuna responde con una paradoja luminosa:

Precisamente porque los seres son vacíos, sufren.

Precisamente porque sufren, merecen compasión. 


La compasión no surge de creer en almas reales.

No sé necesita creer en el “yo” del otro para aliviar su dolor.

Basta con que el dolor aparezca.

Y de la aparición —sin esencia ni fundamento— se deriva una ética:

Actuar sin esperar ni las gracias y sin creer en el actor que ejecutó la acción. Y por supuesto , no aferrarse ningún resultado.

4. Damasio y la ética como extensión de la homeostasis. 

En "El extraño orden de las cosas", 2018,  Antonio Damasio propone que la ética, el arte, la justicia y la religión no son invenciones arbitrarias, sino extensiones de la homeostasis biológica.

“La cultura es un esfuerzo colectivo para regular el sufrimiento y promover el bienestar”.

Esta visión es poderosa: sitúa la moral no en el cielo sino en el cuerpo.

Pero Nāgārjuna preguntaría: ¿esta homeostasis tiene svabhāva?

Si la vida “tiende” al equilibrio, entonces hay una teleología implícita: un orden natural que debe restaurarse.

Sin embargo, para Nāgārjuna, ni la vida ni el equilibrio ni el sufrimiento tienen dirección ontológica.

Damasio describe por qué actuamos: para reducir el desequilibrio.

Nāgārjuna libera de la creencia de que hay un “por qué” último:

Actuamos porque el sufrimiento aparece…

Y no porque la vida “deba” equilibrarse. 

No hay contradicción. Hay diferencia de niveles:

Damasio opera en saṃvṛti-satya: la ética es útil para la supervivencia.

Nāgārjuna opera en paramārtha-satya: ni la supervivencia ni la ética, tienen esencia.

5. Rorty y la solidaridad sin fundamento.

Richard Rorty, en su ética pragmatista, dice algo sorprendentemente cercano:

“No ayudamos al otro porque haya una ‘naturaleza humana’ que lo exija. Lo ayudamos porque no soportamos verlo sufrir.” 

La solidaridad de Rorty no se basa en verdades últimas sino en sensibilidad narrativa:

La capacidad de imaginar el dolor del otro como si fuera propio.

Esto no se trata de metafísica sino de ética sin ontología.

Nāgārjuna diría: exacto.

Pero añadiría: incluso esa sensibilidad es prajñapti, es decir, explicación, designación.

Útil. Vacía. Suficiente.

6. Wittgenstein y la ética como forma de vida

Wittgenstein, en sus Lecciones sobre ética, afirmó que la ética no puede decirse; solo mostrarse en la forma de vida.

No hay proposiciones morales verdaderas.

Existen prácticas que revelan una actitud ante el mundo.

Esto resuena con el gesto del bodhisattva:

           no predica la compasión; la vive.

La habita. Es decir, la habilita.

Ambos, Wittgestein y Nagarjuna, coinciden o resuenan:

La ética no es doctrina. Es acción sin teoría. 

7. El New Age y la “acción desde el ser”.

En New Age se dice:

“Actúa desde tu esencia”.

“Sé tú mismo y el mundo se transformará”.

Pero esto presupone un yo real que actúa desde una verdad interior.

Nāgārjuna lo desmonta:

No hay “ser” desde el que actuar.

Solo hay acción que revela la ausencia de ser. 


¡Cuidado! Aquí huele a New Age.

“Actuar desde el ser” es solo otro nombre para svabhāva.

Nāgārjuna no afirma centros. Afirma: acción sin raíz. 


Ejercicio contemplativo: “¿Quién actúa?”

Realiza una acción simple: servir agua, escribir una palabra, abrir una puerta.

Antes, durante y después, pregúntate:

¿Dónde está el “yo” que actúa?

¿Es o está en la intención? ¿Es o está en el movimiento? ¿Es o está en la decisión?

Observemos cómo la acción ocurre por sí misma, como viento que mueve las hojas.

Permanece en dicha ausencia de actor.  Descansa la mente "ahí", en la ausencia o vacío que aparecen.

No en actitud de pasividad sino como acción pura, sin dueño.

(Fin del Capítulo 6).


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